En Sober contamos con una de las tradiciones alfareras más antiguas de la península: la Olería de Gundivós.
“Al pasar por Gundivós
lo primeiro que se ve
son las ollas secando
y los hornos cociendo”
Para conocer la calidad superior de la cerámica de Gundivós coexisten actualmente los alfareros de Figulus y Elías de la Rectoral de Gundivós.
La alfarería de Gundivós de origen milenario va ligada al ancestral cultivo heroico del vino de Amandi.
En la época romana ya se trasladaba el famoso vino de esta subzona en ánforas elaboradas por los artesanos soberinos.
Por estos motivos, la alfarería de Gundivós está considerada como una de las más antiguas de la península e incluso de Europa
Esta tradición alfarera destaca por su calidad y prestigio, ya que es una labor totalmente artesanal íntimamente unida a la tradición vitivinícola que conforma el sello de identidad de la zona.
Con la entrada de materiales como el plástico o el cristal que eran mucho más duraderos y económicos la supervivencia de este arte se vió seriamente ameazada a mediados del siglo, ayudada esta decadencia por una fuerte emigración de los habitantes de la zona.
Gracias a unos pocos alfareros que siguieron conservando la tradición y el cariño por este increíble patrimonio, la artesanía alfarera pudo recuperarse al centrarse en la realización de piezas pensadas para el uso en la cocina, la bodega o las matanzas para autoconsumo. Como peculiaridad estaban los remates de tejados considerados símbolos de fertilidad.
Porque los vinos bebidos en cuencos o tazas de Gundivós —o los licores servidos en chopos de barro— saben mucho mejor. ¡De eso no hay duda! Y por una sencilla razón: estos objetos de artesanía tienen la capacidad de ensalzar las propiedades de los produtos que contienen. Sean bebidas o miel.
La impresionante tecnología artesanal utilizada en la elaboración estaba destinada a conservar y exaltar la máxima expresión de los líquidos y alimentos que resguardan.
El emplazamiento en pleno corazón de la viticultura heroica del centro alfarero, así como la disposición del barro necesario en las parroquias limítrofes, hicieron de esta alfarería un referente en toda la Ribeira Sacra
Gundivós abasteció desde tempos inmemoriales, de piezas de arcilla para la vida cotidiana de las familias y especialmente para las bodegas de la región, destacando cuencos, jarras, decantadores…, o las famosas mieleras necesarias para el oficio de la apicultura muy presente en la zona.
La continuidad milenaria del oficio hace que las formas únicas de las piezas de marcado trazado prerromano y su excelente funcionalidad convivan a la perfección sin perder de vista el objetivo final que es mantener la calidad óptima de los alimentos de su interior. Las características que distinguen ese arte actualmente son que siguen usando el barro autóctono y las piezas son cocidas en horno de leña con carqueixa —un tipo ramaje de arbustos—. También se sigue ahumando las piezas en una pequeña hoguera de carqueixa, donde obtienen ese característico color negro brillante. Con las piezas aún calientes, se les aplica una resina de pez para impermeabilizar aquellos recipientes para líquidos fríos o templados…
El uso de este acabado con resinas de pez forma parte de un método de elaboración muy antiguo.
Gracias a unas pocas personas como Tomás López González y Otilia Arias García, del taller de Figulus.(Corvelle) o de Elías González de la Rectoral de Gundivós el tiempo se detiene cuando entramos en sus obradores.
Tomás está empeñado en mantener vigente el legado de la artesanía de Gundivós transmitido durante centenas de generaciones. Una corriente artesana que, nos recuerda este alfarero, ahonda sus raíces en los tiempos castrenses y que destaca por su técnica excepcional.
En el taller de Figulus uno puede admirar el cuidado y el mimo con que se elaboran los “cirillotes o churros”—tiras de barro— que formarán cada una de las piezas, unida al proceso de cocción directa y el recubrimento con pez (resinas), conforman la técnica particular que presenta esta cerámica.
Regalarse una visita al taller de Figulus y a sus preciosos viñedos puede ser una experiencia enoturística y cultural formidable. Figulus, además de su taller de alfarería, cuenta con una tienda y visitas guiadas donde conocer al detalle la historia de la cerámica de Gundivós.
Elías González de la Rectoral de Gundivós, una visita casi imprescindible.
La edificación del siglo XVIII, una antigua casa rectoral que alberga su propio taller de alfarería, un museo y una tienda, y ofrece visitas guiadas donde descubrir los encantos de las piezas que salen de su torno.
En esta visita nos explican la historia y las peculiaridades de su oficio. Como el uso de torno bajo, el de rueda impulsado a mano o que continúa cociendo en horno de leña y luego ahumando.
Elías nos muestra su particular colección de decenas de piezas, alguna de ellas con más de 100 años de antigüedad. Donde predominan los «xarros», los recipientes para el vino. También vemos muchos cacharros (de ahí el nombre de cacharreiros) para cocinar distintos tipos de alimentos, meleiras (recipiente para guardar la miel) y hasta un sacaleches. Descubriremos lo que es un bigote en un xarro, o el porqué de ese color azul cielo de una de las piezas. Veremos una antigua lareira o un palomar fabricado en cerámica, donde cada una de las celdas de las palomas está fabricada con barro por los maestros alfareros de la aldea
Veremos una demostración del proceso de fabricación de un xarro, con una pieza ya cocida, porque el proceso de cocción es muy largo, en la que Elías quema la pieza para darle el característico color negro de la cerámica de Gundivós.
El resultado del trabajo minucioso que realizan los alfareros de Gundivós es un cúmulo de hermosas piezas de cerámica únicas en el mundo; que cautivan por su solidez y su elegante coloración negra abrillantada.





